El adios de Obama y los mensajes entre líneas que dejó a Trump.


Cuando ayer veía el discurso de despedida en Chicago, de Barack Obama, no pude evitar recordar como viví su victoria el 4 de Noviembre de 2008. Por aquel entonces yo vivía en Miami y recuerdo perfectamente la ola de ilusión que despertó en muchos jóvenes estadounidenses Obama.

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El día de la elección, muchos temíamos que Jonh McCain se alzase con la victoria, que la raza de Obama pudiese ser el principal impedimento para que alcanzase la Casa Blanca. Pero no fue así, Obama ganó y aquel día me uní a las celebraciones por su victoria. Seguramente muchos diréis, ¿pero este no era de izquierdas? Sí, pero cuando vives en Estados Unidos, cualquier cosa que sea mínimamente parecida a algo de izquierdas, te parece mejor que la alternativa y en este caso Obama lo era, igual que es mejor opción que quien será su sucesor.

Barack Obama rompió una vez más con la tradición, y en vez de en Washington dio su último discurso como presidente en Chicago, la misma ciudad en la que habló tras su victoria en las elecciones presidenciales hace ocho años.

Al arranque del evento sonó “City of Blinding Lights” de U2, la misma que usó durante sus campañas de 2008 y 2012, una canción que el presidente considera una de sus favoritas de la banda irlandesa, que la tocó en la primera toma de posesión de Obama.

Acompañándolo en el Centro de Convenciones McCormick colmado de gente de todas las edades, estaban su esposa Michelle, su hija Malia y el vicepresidente Joe Biden con su esposa Jill, que se mostraron conmovidos en varios momentos.

Obama, que vivió su despegue político en Chicago, se convirtió en el primer presidente electo negro de la historia de Estados Unidos. Y fue precisamente ese, el racial, uno de los puntos fuertes de su discurso, al decir que se habían hecho logros en los últimos años en favor de la igualdad pero que el racismo aún divide al país.

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Después de mi elección se habló de un EEUU postracial. Esa visión, con todo y bien intencionada, nunca fue realista, porque la raza sigue siendo una potente y frecuentemente divisiva fuerza en nuestra sociedad”, dijo Obama, que era alentado e interrumpido desde el público con gritos de sus seguidores pidiendo “¡cuatro años más!”.

En su discurso, Barack Obama nombró una única vez a su sucesor Donald Trump y la audiencia estalló en un abucheo generalizado y brutal que claramente les salía de las entrañas, del miedo y de la impotencia que el nuevo presidente despierta en millones de americanos, pero el presidente rápidamente atajó la manifestación de rechazo para dejar claro que se trataba de un funcionario democráticamente elegido.

Y aunque a partir de ahí no volvió a referirse a quien lo sucederá en la Casa Blanca desde el 20 de enero, la oscura sombra de lo que el republicano representa para la dinámica política estadounidense estuvo presente a lo largo de la casi una hora que estuvo hablando.

Chicago siempre ha sido un punto de arranque para Obama. Y este martes, en el cierre de sus ocho años en la presidencia, marcó el inicio de una nueva faceta: la de líder motivador del vapuleado Partido Demócrata para enfrentar la era Trump que amenaza con revertir su legado y hasta avances logrados en el último medio siglo de luchas sociales.

Pese a que no mencionó a persona o partido político alguno, Obama dejó en el aire la advertencia de que la desmovilización de los ciudadanos puede facilitar que los nuevos dueños del poder en Washington socaven la institucionalidad, si cumplen muchas de las promesas con las que llegaron al poder.

Sin embargo, Obama reconoció la imperfección del sistema económico para dotar de medios a la ciudadanía y que la convivencia social está en peligro -puntos que explotó con éxito Trump en su campaña-, y que la democracia misma “está amenazada cuando la damos por sentada”.

Inclusión, tolerancia y participación fueron los ejes del discurso en el que, como siempre, Obama mezcló el tono de optimista predicador con el de abnegado organizador comunitario, con el que empezó su andadura política en Chicago.

Los puntos de Obama fueron los mismos que dominaron la agenda de la campaña demócrata de Hillary Clinton y Tim Kaine, quien en cada oportunidad exhibía orgulloso su maestría a la hora de hablar en español para mostrar el talante inclusivo del partido.

Esos fueron los mismos temas, junto con el compendió de logros de su gobierno, que el propio Obama usó para la intensa promoción que hizo de la candidatura de su ex secretaria de Estado.

Al final, ni aquella estrategia discursiva basada en mejores estadísticas económicas que las que recibió en 2009, ni la altísima popularidad con la que ha llegado al final de su mandato, sirvieron para evitar la sorpresiva derrota demócrata del 8 de noviembre.

En Chicago, como en la campaña, se percibió el fuerte contraste con la retórica con la que logró ganar la presidencia Trump, basada en insultos, en el regodeo en la incorrección política y en el agresivo señalamiento al “otro”, que amenaza esa supuesta grandeza perdida de EEUU que el republicano prometió restablecer.

Obama pidió a su audiencia del martes salir de las “burbujas” en las que se han refugiado, sean estas vecindarios o medios de comunicación que ofrecen visiones limitadas de la realidad, pero al hacerlo pareció obviar que sus palabras también apelan y convencen solo a un sector de la cada vez más polarizada sociedad estadounidense.

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Por mucho que el presidente fuera interrumpido 59 veces por los vítores y aplausos de sus seguidores, el triunfo de Trump recuerda que para muchos la globalización ha implicado la pérdida del nivel de vida, así como la creciente diversidad devenida del arribo de inmigrantes consideran que los desplaza en el mercado laboral. Las palabras de Obama no tienen el mismo efecto entre ellos que entre el público cautivo del auditorio de Chicago.

El mandatario saliente se detuvo en algunos de esos puntos que dieron forma al mensaje de campaña de Trump, como cuando recordó que los problemas de una economía que reconoció que no funcionaba tan bien como debía para dar oportunidades a todos por igual “no vendrá de afuera”, sino de la “indetenible automatización que hace a muchos buenos trabajos de clase media obsoletos”.

Una de las promesas de Trump ha sido restablecer la salud de la industria manufacturera que alguna vez fue envidia mundial y orgullo del país, y hasta revivir la desfalleciente minería, pese a que algunos economistas han advertido que la dinámica económica no le permitirá cumplir esa oferta electoral.

Incluso lanzó un dardo indirecto a Trump y los suyos cuando cuestionó la tendencia al aislamiento que amenaza con acabar con el debate político cuando las personas se refugian en “nuestras propias burbujas, nuestros vecindarios o universidades o lugares de culto o nuestras cuentas de redes sociales”.

Y en esa última referencia el claro destinatario parece ser Trump, un hombre cuyo medio de comunicación favorito es Twitter. De hecho, a veces su único medio de comunicación, con todo y la limitación que imponen los 140 caracteres que impide que los destinatarios puedan conocer el alcance de las políticas que propone.

Con todo y el mensaje de inclusión que vendió el presidente, la reacción de los suyos también refleja la división que padece la sociedad, como cuando cantaron “Cuatro años más, cuatro años más” un deseo que Obama advirtió que era imposible de realizar.

Aunque les dejó claro que seguirá activo, como ya ha advertido: “Yo no me detendré. De hecho, estaré allí con ustedes, como un ciudadano, por el resto de mis días”. Una promesa que con seguridad dará confianza a quienes ven en Obama al líder de facto en la mala hora que atraviesan los demócratas.

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Obama siempre le ha dado un lugar protagónico a sus hijas y a su esposa, Michelle, quien goza de una popularidad incluso mayor que la del presidente. La mención a su familia fue el momento de las lágrimas, tanto para él como para el público que estalló en aplausos y vivas para la primera dama.

“Durante los últimos veinticinco años, has sido no solo mi esposa y madre de mis hijas, sino mi mejor amiga”, dijo Obama con la voz quebrada mirando a su esposa sentada en primera fila.

“Asumiste un papel que tu no pediste y lo volviste propio, con gracia y estilo y buen humor. Hiciste de la Casa Blanca un lugar que pertenece a todos. Y una nueva generación pone la mirada más arriba porque te tiene como modelo. Me has hecho sentir orgulloso. Has hecho al país sentir orgulloso”, agregó y sus palabras fueron seguidas por un fuerte estallido de aplausos del público asistente, en el que seguramente fue uno de los momentos más emocionantes de su discurso.

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También le habló a Malia, que estaba sentada al lado de su madre con los ojos llenos de lagrimas, y a Sasha, la hija menor que estuvo ausente. “En las circunstancias más extrañas, se han convertido en dos mujeres increíbles, inteligentes y hermosas, pero más importante, amables, reflexivas y llenas de pasión. Tienen la carga de estos años en el centro de atención… De todo lo que he hecho en mi vida, de lo que estoy más orgulloso de ser su papá”, dijo a sus hijas el presidente.

También hubo un espacio emotivo para Joe Biden, al que Obama ha calificado como un gran amigo en muchas ocasiones.

“Joe Biden… fuiste la primera decisión que hice como nominado, y la mejor. No solo porque has sido un gran vicepresidente, sino porque en el trato me gané un hermano. Te queremos a ti y a Jill como familia, y tu amistad ha sido una de las grandes alegrías de nuestra vida”, dijo. Biden respondió con gestos cómplices también desde la primera fila.

Al finalizar el evento, el presidente saliente no se fue de inmediato: su familia y los Biden subieron a abrazarlo. Y lo hicieron con el sonido de ” Land of hope and dreams” (Tierra de esperanza y sueños), de Bruce Springsteen, y no con el clásico himno para los presidentes ” Hail to the chief” (Saludo al jefe), en lo que tal vez fue un último guiño musical.

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Tampoco el público asistente se fue enseguida, sino de una forma pausada, tranquila, muy lejana a la que vivimos aquel 4 de Noviembre de 2008, cuando todo era euforia, entusiasmo, fuegos artificiales y brindis por el momento histórico que representaba la victoria de Barack Obama. No se cómo resultará Donald Trump, pero soy de los que piensan, que el multimillonario con nombre de pato torpe, es no solo lo peor que le podría pasar a Estados Unidos, sino probablemente uno de los mayores desafíos que tendrá que afrontar el mundo en los próximos años. No puedo evitar pensar que Hillary Clinton ganó en voto popular y que seguramente el que fue su contrincante en las primarias demócratas, Bernie Sanders, no solo habría conseguido ganar el voto popular, sino los electores de los estados claves en los que Clinton, perdió la presidencia. Si hoy el sustituto de Barack Obama fuese Sanders, seguramente este discurso de despedida habría sido completamente diferente. Pero bueno, toca mirar al futuro y esperar que los demócratas se recuperen y presenten un buen candidato o candidata que impida la reelección de Donald Trump. Pero para eso aún tendremos que esperar cuatro años más.

@Nenedenadie 

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One comment

  1. Pobres
    Los democratas no aceptan de que boicoteando a Sanders arruinaron no solo su victoria, sino el futuro de su partido y el futuro de muchos paradigmas politicos y economicos del siglo XX
    Los republicanos no entienden que Trump puede hacerles doblar la rodilla a golpe de tuit, tal como esta haciendo con varias automotrices
    Nadie acepta que Trump puede directamente socavar la “democracia” de gringolandia, simplemente porque se dara cuenta de que es un estorbo para sus planes. sean cuales sean
    Pero lo peor es que esto es como juego de tronos
    Todos se concentran en desembarco o Invernalia o Mereen; pero la verdadera guerra esta mas al Norte, cuando un enemigo viene a por la humanidad
    En la vida real no hay “demonios de hielo” ni “zombies luchadores” pero si habra muchos mas desastres naturales, extinciones a gran escala, desertificacion, contaminacion de tierra cultivable, nuevas enfermedades o el retorno de antiguas
    El invierno ya ha llegado a la vida real, y no hay ni muro ni azor ahai

    Me gusta

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