Una investidura de Oscar


Virginia Carbajo.

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Montaje “Así va España”

El tercer mes del año ha entrado y seguimos sin Gobierno efectivo. Esta es la frase que más se repite en todos los medios de comunicación y, sin embargo, lo que viene después es… nada. Nada ha pasado después de tres meses sin Gobierno. El mundo sigue girando, los comercios abriendo los trabajadores trabajando y los parados, parando.
 

Estamos tan metidos en la lógica del espectáculo de la televisión y la política que aceptamos de buen grado y con entusiasmo cualquier discurso de tipo “España sigue sin Gobierno y nunca habíamos estado tanto tiempo así”, o bien “el encargo del rey a Pedro Sánchez”, que se ceba como si de un thriller televisivo se tratara, como si le hubiera dado el anillo único para gobernarnos a todos.
 
El caso es que nos mantenemos sumidos en esos roles de más show y palabras que hechos, y mientras olvidamos que las promesas, las propuestas concretas de unos y otros se han ido diluyendo, en una absoluta falta de memoria solo comparable a la de nuestros adulados corruptos -o “investigados”, en sintonía con la actual deferencia legal-.
 
Quienes se negaban a pactar, como Ciudadanos, ya no se niegan tanto; quienes querían progreso, como PSOE, ya no lo quieren tanto; y aquellos que no querían cuentas con nadie, como PP, ya no están tan reticentes. Mientras, Podemos, entre col y col, sigue reclamando a la “casta” del PSOE su parcela de atención, por el momento perdida.
 
Dudosas intenciones con Podemos
Tras un juego de humo y luces imposible con Podemos, el partido de la rosa ha dejado de coquetear con ellos. La razón más escuchada ha sido la espada de Damocles del referéndum en Cataluña, que fue una línea roja para el PSOE. Un partido que ha transgredido lo que tenía por principios en varias ocasiones en claro perjuicio de la ciudadanía, ahora queda escollado por un referéndum no vinculante. Que por farragoso que sea el escenario catalán en este momento, sigue siendo no vinculante.
 
Teniendo en cuenta lo complicado que sería hacerse con los apoyos necesarios en una coalición PSOE-Podemos, este romance de verano torna mucho menos creíble, en un juego del que han formado parte las dos formaciones. En cualquier caso, Podemos se lo puso más fácil a Pedro Sánchez para cortar la relación cuando propuso que Pablo Iglesias ocupara el puesto de la vicepresidencia en un hipotético gobierno juntos.
 
Este hecho, que ha servido de mecha para todo tipo de comentarios y especulaciones sobre el gusto por el poder de Iglesias, probablemente habría quedado más justificado de haberse comunicado de otra manera. Probablemente podrían haber centrado sus esfuerzos en explicar que, en lugar de permitir un Gobierno basado en la incertidumbre de promesas, apoya un Gobierno formando parte activa de la toma de decisiones del mismo y con la potestad de vigilar durante toda la legislatura lo que allí sucede, a fin de que se cumpla lo acordado con el partido morado y con los españoles.

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 Sin embargo, Podemos decidió seguir por ese camino y repartirse la piel de la cartera ministerial antes de cazarla, haciendo de la propuesta algo menos serio de lo que podía haber sido.
 
En cualquier caso, con tanto que unos y otros utilizan palabras como progreso, reformismo o democracia, podría tener cabida el pensamiento de que un gobierno de coalición, pudiera formarse mediante listas abiertas, en las que la ciudadanía pudiera elegir, entre varias propuestas, los cargos que ocuparía cada cual en el gobierno. No sería difícil ni costoso, ni la primera vez que los votantes eligen la lista de una manera más o menos abierta. Sin embargo nos gusta la democracia, pero no queremos tanta.
 
Sea como fuere, el hecho es que se va dibujando la sombra de la gran coalición que ya el Partido Popular reclamaba desde sus primeros envites de investidura. El hecho es que de derogar la reforma laboral ya ni hablamos, y el hecho es que el cambio, el reformismo y el progreso, están volviendo poco a poco a encajar con el escenario que pretendía el Partido Popular. Los muertos quizá no estén tan muertos en esta tragedia y los personajes pueden acabar confundiéndose unos con otros. No se pierdan el último acto.

 

Virginia Carbajo.

 

 

 

 

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