LGTBfobia, el acoso escolar y el testimonio de “Marcos”.


El pasado 24 de Diciembre, Allan un joven transexual de 17 años se quito la vida porque no aguantaba más. Allan era víctima de acoso escolar y lo era desde hacia mucho tiempo, demasiado. 

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Allan tenía que soportar desde los 14 años que le llamaran primero marimacho y se burlasen de él, a esa edad se atrevió a a decir que era lesbiana y a ir de la mano de su novia, tratando de ser libre, de ser adolescente, de vivir como todo el mundo… «Marimacho de mierda»… 

Ya a los 17 tenía que volver al instituto y allí había gente que le levantaba la camiseta para preguntarle entre burlas cómo podía ir de hombre teniendo pechos de mujer. O que le tiraba por las escaleras. O que le empujaba contra la pared. «¿Cómo es que te llamas Alan si tienes tetas?»…

Por desgracia, Allan ya no esta, no pudo con ello, llevaba tiempo con depresión y la crueldad de sus compañeros y compañeras le llevaron a decidir acabar con todo. A quitarse la vida, una vida que siempre estará en la conciencia de sus acosadores, que no son otra cosa más que sus verdugos, cobardes que actuan en grupo contra los más débiles y con total impunidad, que seguirán con sus vidas y tendrán un futuro, pese a haberse cobrado una vida.

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Lamentablemente, la historia de Allan no es un caso aislado, si no una realidad que viven muchos adolescentes LGTBI en las escuelas e institutos de nuestro país. Según denuncia la  FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales), más de la mitad de los jóvenes LGTBI sufren acoso en centros educativos por su orientación sexual. El porcentaje aumenta respecto a los transexuales porque “son víctimas más visibles y eso les hace exponerse a un mayor riesgo”, según explicaba Jesús Generelo al diario El País, hace unas semanas. 

No existe un informe único sobre el acoso escolar contra el colectivo LGTB, pero podemos extraer deducciones del compendio de los diversos estudios que hay sobre este tema. Una de las conclusiones es que la primera causa de acoso en los centros educativos es la orientación sexual, porque los menores de este colectivo apenas reciben apoyo dentro de un sistema educativo está aún muy por detrás de la sociedad en lo que respecta a el reconocimiento e integración de estos jóvenes en las aulas.

La federación realizó una muestra con 700 jóvenes que habían sufrido acoso escolar por su condición de homosexual, cuyos datos revelaron que el 43% había ideado alguna vez el suicidio, el 35% lo había preparado con algún detalle y el 17% lo había intentado en alguna ocasión. La encuesta no incluía a los menores transexuales, como Alan, pero el presidente de FELGTB ha manifestado que en este colectivo se acentúa la marginalidad y soledad a la que se enfrentan en las aulas.

No hay cifras oficiales de cuántos menores transexuales se han quitado la vida este año movidos por el acoso escolar, pero muchas veces es la propia familia la que esconde el motivo del suicidio por la dureza que supone enfrentarse a tanto sufrimiento y porque “les obliga a salir del armario”. Aunque los familiares deciden no revelar la verdadera razón del suicidio, la federación recaba los datos a través de amigos o profesores del fallecido.

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Desde El Blog de Nadie hemos podido hablar con un menor, que ha sido víctima de acoso escolar en su instituto de secundaria en la provincia de León. Por razones obvias, no vamos a publicar aquí hoy, ni su auténtico nombre, ni su fotografía, pero si su historia y lo que durante una larga entrevista nos ha contado. 

“Marcos” tiene 15 años, cumplirá 16 el mes que viene y desde hace 3 ha sido víctima de acoso por parte de sus compañeras y compañeros. Tras un intento frustrado de suicidio, sus padres decidieron irse de su localidad a León capital y allí Marcos ha empezado una nueva vida, ya no sufre acoso, pero aún precisa de ayuda psicológica. Esto es lo que nos ha contado él, en primera persona.

Hola Marcos, lo primero de todo, darte las gracias por concederme esta entrevista y por contarnos tu historia. La primera pregunta es obvia, ¿cuándo empiezas a sufrir acoso?

Antes de nada, quiero decir que hoy hablo contigo porque ya he perdido el miedo, porque hoy ya me acepto como soy y todo eso ha quedado atrás y sobre todo porque si con mi testimonio puedo ayudar a otros que esten pasando por ello, pues creo que es importante.

Todo empezó cuando tenía 13 años, yo siempre he tenido más amigas que amigos y eso siempre ha llamado un poco la atención. Tenía una profesora que siempre en clase me decía “bendito tu eres entre todas la mujeres, ¿por qué no juegas con los niños y te dejas de estar siempre con las niñas?”.  Había un grupo de chicos mayores que empezaron  a meterse conmigo, cada vez que me veían me gritaban “maricón”, “nenaza”, “julandrón”... Así empezó todo.

De ahí empezaron a meterse más conmigo, me perseguían insultandome, me acorralaban en el baño y me pegaban, me escupían, se metían conmigo. Una vez un chico me pego un puñetazo en los huevos porque decía que seguro que no tenía nada ahí abajo.

-¿Nadie salió nunca en tu defensa? ¿Les contaste a tus padres o a tus profesores lo que estaba pasando? 

Mis amigas me dieron de lado pronto, alguna se unieron a los que se metían conmigo y otras no, pero poco a poco me fui quedando solo. No le conté nada a nadie, porque pensaba que eso haría que todo fuera aún peor. Me daba vergüenza decirle a mis padres que me llamaban “maricón” y que me pegaban. 

-¿Cómo te sentias en ese momento? 

-Solo, avergonzado y muerto de miedo. Tenía miedo a ir a clase, para mi los fines de semana o las vacaciones eran lo mejor. Pero aún así me daba miedo salir a la calle, no quería encontrarme con nadie. Cada vez estaba más solo y mis temores se hicieron realidad porque mis padres no tardaron mucho en enterarse de que en el pueblo, los otros niños me llamaban “maricón”.

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-¿Cómo reaccionaron tus padres cuando se enteraron de que los otros niños te insultaban?

-Mal, me senti morir en ese momento, mi madre entro en mi habitación y me dijo lo que había oído y yo me hundí, me puse a llorar y estuve horas sin poder decir nada. Esa noche mis padres se sentaron conmigo y me preguntaron directamente si era gay y qué estaba pasando. Me dijeron que no pasaba nada si lo era, pero que me querían ayudar y que creían que algo me estaba pasando porque ya no salía, estaba muy callado y prácticamente no salía de mi cuarto. Yo pensaba que ellos no estaban notando nada y si,  estaban preocupados porque sabían que algo me estaba pasando. 

Esa noche les conte todo y creo que no hice otra cosa más que llorar, llevaba mucho tiempo haciéndolo en silencio y necesitaba sacarlo.

-¿Qué paso después de eso? ¿Qué hicieron tus padres?

-Fueron al instituto y hablaron con el director y con mi tutora, allí les dijeron que no habían notado nada y que pondrían más atención. Mis padres salieron más tranquilos y me dijeron que a partir de ese momento todo iba a ir mejor.

-¿Y fue mejor? 

-No, todo lo contrario, todo fue a peor en el instituto pero a mejor en casa, ahora al menos podía contarles lo que pasaba. Pero todo se descontroló, un día que saliendo del instituto algunos me estaban esperando en la puerta. Quise avisar a mis padres con el móvil para que vinieran por mi, pero uno de los chicos me lo quito de la mano. Me rodearon y me empezaron a empujar, a insultar, me daban collejas, me escupían y al final me cogieron entre varios y me metieron en un cubo de basura. Se sentaron encima y estuve más de dos horas ahí encerrado oyendo como se reían y me insultaban.

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Esa noche cuando volví a casa, iba decidido a quitarme la vida. No aguantaba más y estaba convencido de que era imposible que nada mejorara. Esa noche me tome una caja de pastillas de que pille por casa, me llevaron al hospital y allí me hicieron un lavado de estomago. Esa noche mis padres decidieron que nos íbamos del pueblo. Perdí el curso escolar y empece a ir al psicólogo en León y durante un tiempo también al psiquiatra por lo que había hecho. 

-Imagino que el volver a empezar en un centro nuevo, debió ser todo un reto para ti. ¿Cómo te fue en ese nuevo centro? 

-Bien, me va bien. Antes de empezar estaba asustadisimo, pensaba que iba a ser igual que en el pueblo y la verdad no quería ir. Pero mis padres habían hablado con los profesores y el psicólogo del centro y el primer día me sentí muy arropado. Sorprendentemente para mi, nadie se metió conmigo y poco a poco empece a hacer amigos y amigas. Alguna vez he oído algún grito de “maricón”, pero nadie se ha metido directamente conmigo.

-¿Podríamos decir que ahora las cosas están mejor? ¿Estas tú mejor?

-Si, ahora todo va mejor, mis amigos saben que soy gay y no tienen ningún problema y si alguien se mete conmigo no estoy solo. Ahora no estoy solo y eso es lo que lo cambia todo. Pero aún tengo miedo, cuando escucho a alguien gritar “maricón”, incluso en tono de broma, no puedo evitar sentir miedo. No se como explicarlo.

-¿Qué le dirias a quienes están pasando por lo mismo que has pasado tu? 

-Que lo cuenten, que no tengan miedo y sobre todo que lo que les esta pasando no es culpa de ellos. Yo pensaba que era mi culpa, que ser diferente era el problema, que si me gustaran las chicas y el futbol no me pasaría nada de eso. Me culpaba y me avergonzaba de mi mismo. Ahora se que no es mi culpa, que no es malo ser gay y que esta bien ser como soy. Eso les diría, pero sobre todo que lo cuenten, que busquen ayuda, que no pasen por ello solos, porque eso duele mucho. 

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Os dire que a mi hablar con este chico me hizo entender su miedo y sobre todo la soledad que sentía. Para tener solo 15 años no pude evitar sorprenderme por su madurez, por la tristeza en su mirada al contarlo. “Marcos” ha sido obligado a madurar más rápido, pero hoy ha encontrado una salida.

Su situación de discriminación empezó por una de sus profesoras que lo destacó como diferente. A veces es el propio centro educativo el que sitúa al joven en una situación incómoda, otras son solo sus compañeros, pero lo que está claro es que tenemos un problema y que debemos solucionarlo. Un problema que pasa por por la necesidad de una normativa transversal que ponga el acento en la Educación, como punto de partida para erradicar los problemas que sufren algunos menores desde la infancia. 

A este respecto empieza a haber movimientos políticos, como el del Ayuntamiento de Madrid que ha aprobado un protocolo contra el acoso escolar homófobo, con abstención del PP en la votación. Era una propuesta que partía de Ciudadanos, de la concejala Sofía Miranda Esteban, con la que se quiere prevenir la discriminación por orientación sexual o identidad de género, creando “un protocolo específico en el ámbito educativo”.

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También el Gobierno en funciones ha decidido involucrarse en el asunto y el pasado 21 de Enero, aprobó en el Consejo de Ministros el Plan Estratégico de Convivencia Escolar, un paquete de 70 medidas para combatir la violencia y los abusos en los centros educativos. Una parte muy importante de este plan consiste en reforzar e incrementar la formación de profesores, padres, alumnos -y de la sociedad, en general- para que el bullying se aborde de la misma forma implacable con que se trata la violencia de género y deje de ser ese «grito silencioso» del que hablaba el ministro de Educación en funciones, Íñigo Méndez de Vigo. ¿Qué falta aquí? Un protocolo especifico contra la LGTBfobia y campañas de sensibilización en este sentido. 

En cualquier caso, se empieza a hacer algo, lástima que sea como siempre a golpe de titulares, en este caso tristes titulares de adolescentes que no pudieron más, nombres como Alan, Arancha o Diego, que ya no están entre nosotros pero que han conseguido despertar conciencias y que mucha gente se de cuenta de una realidad que esta ahí y que cada año cuesta vidas, cada año hace la vida imposible a miles de adolescentes de nuestro país por el simple hecho de ser diferentes o porque simplemente algunos deciden convertirlos en diferentes. 

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Lo que esta claro es que no podemos cerrar los ojos e ignorar una situación como está, es importante que se pongan todos los medios para acabar con esto, para que nunca más tengamos que leer que ningún adolescente se ha quitado la vida porque otros adolescentes le han machacado hasta llevarle a una situación en la que la única salida es la muerte. Debemos legislar para que esos que abusan y se cobran vidas respondan por ello, debemos legislar para poder proteger a las víctimas y sin duda debemos reforzar a nuestros educadores, darles herramientas para detectar y tratar con estas situaciones. Mientras no hagamos nada de esto, seguiremos viendo nombres como el de Alan, el de Diego o el de Arrancha en los periódicos, nombres de víctimas inocentes. ¡Basta ya!

@Nenedenadie

 

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