La posibilidad de pactar es lo que mantiene a Pedro Sánchez con vida en el PSOE


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Que el Partido Popular iba a intentar formar gobierno por medio de el PSOE quedó suficientemente claro desde que Mariano Rajoy saliera al balcón el 20D a dar su discurso de victoria. Victoria a pesar de todo, porque para la vieja política, sea cual sea el resultado, es una victoria.

Tanto el PP como el PSOE han visto cómo se les escapaba una gran cantidad de votos hacia otras fuerzas más o menos nuevas o renovadoras. Sin embargo, y como ya pasó en las pasadas elecciones municipales del pasado 24 de mayo, pueden permitirse el lujo de decir que han ganado. Y es precisamente porque el electorado sigue permitiendo que ganen y con una cantidad de votos -favorecida por el desproporcionado modelo electoral- que les permite seguir siendo quienes decidan cómo va a ser el futuro de las cámaras de representación y, por tanto, aunque maltrechos y desvaídos, los vencedores de este juego.

Y, como de costumbre, después de las elecciones comienza el teatro de la política. Un ajedrez de pactos y reuniones donde de cara al público tienen férreas posiciones enfrentadas, pero presumiblemente resultarán más cómplices de puertas para dentro. El Partido Popular ha venido anunciando reiteradamente su intención de formar gobierno, “un gobierno estable”. Esto alude directamente al PSOE que, empeñado durante toda la campaña en convencer de que era la única alternativa ante “el terror de la derecha”, se ve ahora en una complicada situación.

Pactos como el camarote de los hermanos Marx

El Partido de Pedro Sánchez se debate entre dejar gobernar durante una legislatura más al Partido Popular, a quienes tanto han señalado como causantes de la precariedad y la mala gestión de la crisis, o gobernar como primera fuerza -y con un enroque político de partidos más que complicado- de la mano de Podemos, a quienes pasaron de no mencionar a acusar de “extrema izquierda” y de “radicales” poco claros. Esto parece que ha quedado en una anécdota ahora, y el debate político se centra en la negativa del PSOE al referéndum en Cataluña que propone el partido morado y al que los socialistas se han opuesto radicalmente.

En este último supuesto a Podemos se le plantea una situación también compleja. Tiene que debatirse entre quedarse en su posición, y ver cómo, con toda probabilidad, se perpetúa un gobierno del Partido Popular otros cuatro años -no sin el beneplácito más o menos activo del PSOE-, o, por el contrario, entrar en el gobierno como segundón del Partido Socialista. Bien es cierto que una buena parte de su electorado firmaría casi a ojos cerrados esta segunda opción, a regañadientes en los bares y reuniones sociales, justificándola por el hecho de haber impedido un gobierno del Partido Popular; pero otra parte no menos multitudinaria y ya decepcionada de por sí por el giro hacia el centro del partido en los últimos meses (uno de los aspectos que más le han sido criticados), no vería con buenos ojos la concesión del gobierno a la vieja política que tanto ha cansado a gran parte de los electores, siendo tomado más bien como una pérdida de los principios iniciales del partido, en forma de un concubinato con ese Partido Socialista al que no hace mucho tiempo llamaba “casta”.

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Y mientras se desata este vendaval, Ciudadanos se mece plácidamente en la hamaca de la abstención, que le sitúa en el mejor de los escenarios posibles. No se casa con el denostado Partido Popular, pero en vista de las encuestas electorales, ya dejó dicho que permitiría el gobierno de quien más votos tuviera, sosteniéndole así la puerta de entrada a un gobierno de derechas, muy proclive al propio programa neoliberal de Ciudadanos.

¿Se repetirán las elecciones?

Si ciudadanos tiene la posición más tranquila, Rajoy es sin duda el que mejor mano tiene en este juego. Durante los próximos días presionará al PSOE para que se muestre favorable a un nuevo gobierno del Partido Popular, y probablemente escuchemos aquello de “la experiencia de los que ya han gobernado”, de “gobierno estable” y algo de “radicales extremos que quieren romper España”. De no conseguirlo, mantendría el punto de presión en conseguir unas nuevas elecciones, en las que, con toda probabilidad, sacarían más votos porque una parte del votante que se les fue a Ciudadanos, al ver que aquello no fue la explosión prometida volverá al calor del PP. No tendría la misma suerte Pedro Sánchez, a quien unas nuevas elecciones pueden suponer todo lo contrario. El votante más prudente, que se quedó con “lo malo conocido” porque Podemos no prometía muchos escaños, podría irse ahora en vista de la fuerza que sí tendrá este último en el Parlamento.

La posibilidad de pactar es lo que mantiene a Pedro Sánchez con vida política. En el caso de pactar con el PP, el Partido Socialista mantendría a Pedro Sánchez, para no permitir que otro candidato se queme durante el ejercicio de una oposición en la que ellos mismos dejaron gobernar al PP. Sin embargo, nadie puede asegurar que, de formarse un gobierno con el PSOE a la cabeza, Pedro Sánchez aguantase mucho como líder del partido.

DÍA DE LA FIESTA NACIONAL

A día de hoy, la opción más sencilla y la más probable teniendo en cuenta que al PSOE en ningún caso le convienen unas nuevas elecciones, es que este permita un gobierno del PP, no por apoyar, sino por no impedir, o dejar gobernar. Ya hemos presenciado en otras ocasiones como las piezas más rocambolescas de un puzzle de pronto encajaban a la perfección, no sin una larga maniobra de desgaste de la opinión pública. Hay posibilidad de que se abra un período en el que primero aparecen posiciones encontradas y una tensión permanente -con declaraciones de principios incluidas- que bombardean los medios de comunicación durante largos días; después se acercan a un posible acuerdo lejano con una serie de “peros”, que también aparecerán incansablemente en los medios para dejarnos claro que no están vendiendo sus principios, una y otra y otra vez; y finalmente cuando una audiencia exhausta ya no puede soportar más discursos y discusiones que le dan cada vez una vuelta más al asunto, se producirá no un apoyo, pero sí una abstención o una concesión velada con la que ya nos daremos con un canto en los dientes con tal de no oírlo más.

Es el juego de la política. No importa si regalas tu casa. Lo importante es insistir en que no lo estás haciendo durante el tiempo necesario para que todos crean que solo la cediste y a muy buen precio.

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Virginia Carbajo.

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