Un país de centro izquierda que vota a la derecha


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Las encuestas electorales pronostican, a parte del parlamento más plural de la democracia, una nueva mayoría conservadora, aunque con un cambio sustancial: esta vez dos partidos coparán el lado derecho del espectro político (Partido Popular y Ciudadanos).
A pesar de que la diferencia entre las derechas y las izquierdas parece que no será amplia, estas últimas (incluyendo al PSOE) se quedan a mucha distancia de la mayoría absoluta en un país que tradicionalmente se ha situado, desde el punto de vista sociológico, en el centro izquierda. Y esto, en un momento trascendental, que algunos califican de segunda transición, con una crisis económica, unida a las políticas de austeridad de un gobierno conservador, que han arrasado con la economía de la mayoría de hogares españoles; y una polarización política sin precedentes desde que terminó la dictadura franquista, sin olvidar el proceso independentista catalán y con una reforma constitucional a la vista.
Aún así, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), España sigue situándose en el centro izquierda. Poco ha cambiado esta tendencia histórica; en el último barómetro que recoge esta cuestión, el 37% de la población se declara claramente de izquierdas, bastante por encima del 25% que se declara puramente de derechas, y junto a otro 22% que se declara centrista.
Con estos datos, ¿cómo es posible que la composición del Congreso que auguran las encuestas se muestre tan diferente a la realidad social española?
Varios factores explican esta paradoja. El primero y más influyente es la fragmentación de la izquierda frente a una derecha fuertemente unida. A diferencia de la mayoría de países europeos, en que la derecha está compuesta por varios partidos; normalmente uno conservador o demócrata cristiano, como el nuevo Partido Republicano francés, heredero de la antigua UMP de Sarkozy; uno de ultraderecha como el Frente Nacional de Le Pen; y un partido que represente los intereses del neoliberalismo como el Partido Liberal británico, en España estas tres diferentes tendencias se han mantenido unidas dentro del Partido Popular. Esto tiene una explicación histórica que se remonta a la transición, en cuyo inicio sí habían surgido partidos derechistas de diferente corriente, pero tras la dictadura, la imagen de la derecha no conseguía desligarse de ella por lo que terminaron integrándose en torno a la figura del ex ministro franquista, Manuel Fraga, primero en Alianza Popular y después en el Partido Popular que bajo la dirección de Aznar sí logró desligar su imagen de la dictadura.

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Esta unión de la derecha hizo posible que gobernara siempre que el PSOE pinchaba, lo que se traducía en la abstención y en una huída de votos de este partido hacia otras opciones minoritarias de la izquierda, esto ha sido así debido al voto de carácter más crítico que tiene la izquierda, frente al voto de carácter ideológico, que tradicionalmente vota al PP, éste es otro de los factores que explican la mayoría parlamentaria de la derecha, frente a la mayoría social de centro izquierda.
En los últimos años, esta fractura en la izquierda se ha hecho patente, principalmente desde el 15-M, y más tarde con el surgimiento de otro partido de corte izquierdista, PODEMOS -aunque insistan en que no son ni de izquierdas ni de derechas- y, debida, sobre todo, al descrédito del PSOE dentro de la izquierda, al desligar su política económica y laboral de los intereses de los votantes potenciales de izquierdas, en otras palabras, por su viraje hacia la derecha. Gran parte de sus votantes no han perdonado que iniciara la política de recortes, que aprobara una reforma laboral -superada por la última de Rajoy- y que pactara la reforma del artículo 135 de la Constitución. Esto, unido a los casos flagrantes de corrupción han hecho que, principalmente en las generaciones más jóvenes se haya ligado su imagen a la del PP, creándose una importantísima e innegable corriente de opinión pública en contra del bipartidismo y por la regeneración democrática, a la que el propio partido socialista, sin mucho éxito, se ha intentado unir. De esta manera, la izquierda ha quedado separada por un abismo entre la izquierda (PODEMOS, UP, Bildu, Compromís, Las Mareas…) y la izquierda “centrada” del PSOE.

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Otro de los factores de especial importancia es la percepción equivocada y generalizada de que Ciudadanos no es de derechas. El partido de Albert Rivera ha sabido jugar bien sus cartas y con el viento de cola que le han proporcionado los medios, ha ido contraponiendo sus propuestas susceptibles de ser percibidas como de derechas con mensajes de carácter socialdemócrata más vinculados a la izquierda. De esta manera ha logrado crearse una imagen centrista que la sociedad de consumo le ha comprado sin apenas resistencia, robando votos al PP, a UPyD (votos y candidatos), y sobre todo al ala más liberal en lo económico del PSOE. Se han presentado como la opción limpia y del cambio sensato, uniendo así las ideas regeneradoras que traía consigo podemos, con las de cambiar lo justo para que todo siga igual, lo que han demostrado con sus pactos de investidura, por ejemplo en Madrid y Andalucía, con PP y PSOE respectivamente, es decir, mantener lo que había, pero sin mojarse con la vista puesta en este diciembre.

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Por delante quedan cuatro años en los que, si los pronósticos se cumplen, Ciudadanos tendrá que mojarse en unas cosas u otras, demostrando de qué pie cojea. Entonces llegará su momento decisivo en el que competirá por un sector de votos del PP quedando como un partido residual de la derecha liberal, o bien hacer un órdago a la grande e ir a por todas y tratar de ocupar el lugar que ocupa el PP, como está intentando hacer PODEMOS con el PSOE. Esta última opción parece más complicada debido a que, de momento, sus votos proceden mayoritariamente del PSOE, en mayor porcentaje que del PP. Pero no adelantemos acontecimientos, que esta legislatura promete ser apasionante…

Alejandro Otero.

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