La derecha y el terrorismo como campaña electoral


En política parece que todo vale y el terrorismo a menudo se utiliza como una retorcida herramienta para conseguir votos.

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El miedo hace que se replieguen posiciones, como cuando, a oscuras, oyes un ruido y te quedas congelado, deseando que no haya sido nada. No parece un peligro real, pero no actúas. Es irracional, pero ponemos el miedo por delante de cualquier otra prioridad. Este repliegue, este quedarse congelado, en el tablero político se traduce como una vuelta al conservadurismo. La política conservadora, siempre tiene como baluarte lo que ellos llaman “seguridad” que viene a ser en la práctica presencia policial, reducción de libertades civiles y militarización, o ni eso, gastos militares.
Y sin embargo funciona. A la ciudadanía parece gustarle esa sensación de sentirse seguro, como cuando un padre le promete a su hijo que nunca le pasará nada. Es obviamente mentira, pero ese niño automáticamente pasa a sentirse de fábula. Cuando se trata del miedo no nos gustan las “moderneces” ni las ideas progresistas. Parece que nos hacen sentir de algún modo inseguros, como si nos echasen a andar solos, como adultos, mientras que las propuestas conservadoras nos tienen permanentemente bajo el ala.
Ocurre siempre que antes de que lleguen las elecciones nacionales el terrorismo entra en escena o, de repente está más en auge que nunca. Este año también ha sido así, aunque quizá, entre la maraña de noticias que nos llegan cada día, pase de algún modo desapercibido.
¿Os acordáis de ETA? La banda terrorista que abandonó definitivamente su actividad en 2011, hace hoy cuatro años. Cuatro años sin una sola víctima a manos de esta banda que, sin embargo, este año ha vuelto a ser noticia en numerosas ocasiones. Y no precisamente por la controvertida situación del proceso de paz, que bien puede ocupar otro extenso análisis.
ETA, el terrorismo vintage que no pasa de moda
Históricamente, meses antes de las elecciones comenzaban, como por arte de magia, a desarticularse células etarras y se procesaba al jefe de la cúpula del comando o a su número dos unas tres veces por semana. Seguro que os suena. Por no hablar de cuando tensaron demasiado la cuerda, aprovechando el atentado del 11M -que asesinó a más de 200 personas- para relacionarlo con ETA, aun cuando ya se había hecho público que no era así, cavando una tumba muy profunda de la que tardarían en recuperarse años.

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Bien, pues en pleno 2015, de repente, se reactiva este mecanismo, nos encontramos noticias como la detención de la nueva cúpula de ETA el pasado septiembre, entre quienes se encontraba el hijo de Josu Ternera , dato irrelevante pero que establece ya una saga que enlaza con el pasado más oscuro de nuestra historia reciente. Y mientras la Audiencia Nacional comienza a activar casos para que no se nos olvide el terror. Sirva de ejemplo la reapertura del caso por el atentado contra el juez Querol de hace 15 años, y el del alcalde de San Sebastián, Gregorio Ordóñez, de hace 10 años.
Sin embargo, ETA abandonó su actividad armada de forma definitiva. Ya no está en activo, y este discurso ya no resulta tan efectivo como antaño. Por ello, tienen que recurrir a otros, como la desarticulación de una célula islamista el pasado noviembre que, según fuentes oficiales “quería atentar en Madrid”, una afirmación un poco vaga de por sí, y que se enreda más con el hecho de que el diario enlazado aprovecha para mencionar que el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, salía de un acto por las víctimas de ETA cuando hizo sus declaraciones sobre el comando islamista. Un dato que no aporta absolutamente nada a la información, pero aglomera varios tipos de terrorismo, incidiendo de lleno en la asustadiza memoria del lector.
Terrorismo islamista y anarquismo, al mismo nivel

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El terrorismo islamista es lo que más atemoriza en la actualidad, y la amenaza que la sociedad considera más palpable, a pesar de que, desde aquel 2004 en Madrid, no ha causado ninguna víctima en nuestro país. La realidad no importa. Lo importante es lo que pensemos que pueden llegar a hacer, la amenaza del terror. Y los atentados de París han prendido una mecha de miedo que ha venido muy bien en las encuestas sobre todo al Partido Popular. El mejor ejemplo de un partido que se beneficia de estos episodios de terror social es el del Frente Nacional, el partido de extrema derecha liderado por Marine Le Pen, que se ha llegado a situar como primera fuerza en la primera vuelta de las elecciones regionales, aunque finalmente no logró la victoria en ninguna región en las elecciones locales de las que este domingo se disputó la segunda vuelta. No obstante, la formación de extrema derecha ha triplicado el número de consejeros regionales respecto a los anteriores comicios de 2010.

Pero el agente que ha entrado en escena con más fuerza que nunca son las detenciones a anarquistas. Les detienen y “desarticulan células” . Las noticias se parecen sospechosamente en forma y contenido a las que referían a ETA, haciendo que el lector establezca un vínculo mediante esa lógica en la forma de contarlo.
Es necesario apuntar además, que los anarquistas históricamente han sido colectivos muy activos en el tejido social y en cuanto a reivindicación se refiere. Contando que están actualmente en valor, en el contexto de los movimientos sociales, cada vez más visibles y con más relevancia en el panorama político y siempre en un contexto progresista, el objetivo está servido, y sirve, además, para matar dos pájaros de un tiro: Mala imagen del anarquismo en general, mala imagen de la movilización social y menor apoyo o repudia a ambos, y a nivel político a todos los que digan acercarse con mayor o menor gracia a ellos.

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Consiguen votos así; es el voto del miedo, la venta en negativo, el “yo no soy bueno, pero si no me votáis tendréis…”. Y funciona. Funciona porque los medios de comunicación dan a estas noticias una calurosa acogida sensacionalista.
Ante una situación de miedo pocos hay valientes que decidan dar un paso adelante y tomar las riendas de la situación de una manera racional. Ante una situación de miedo es difícil pensar, pero es posible recapacitar y terminar por decidir que el miedo puede cambiar de bando.

Virginia Carbajo.

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